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jueves, marzo 14

Formas de mirar

Una parte del cielo es gris, la otra azul y hay por ahí zonas que llegan a ser naranjas. En la zona gris las nubes ya han hecho sus camas, pero en la azul sonríe la luna con la boca pequeña. Si hablamos de la naranja no es posible encontrar palabras que la describan. ¿Cómo se describe ese tipo de color, esa luz? Sólo con frases inventadas. El lenguaje es demasiado limitado para describir, por ejemplo, la sensación de estar entre la luz y la sombra, en una quietud cansada, donde todo el mundo calla. Tampoco se puede usar para relatar el sentimiento de haber visto un horror, eso no necesita palabras, se nota en la mirada.

Hoy he tenido la oportunidad de saber de la existencia de alguien que me ha marcado mucho. No le conozco, pero he podido ver su forma de mirar. Me han impactado sus ojos llenos de cansancio hacia un mundo del que ha visto demasiadas cosas, a veces inexplicables, otras simplemente irracionales. Supongo que cuando vives y ves eso, tu mirada se va adecuando a esas vivencias y crea un halo que te permite sobrevivir. La gente con sus "pequeños" problemas ya no te importan porque has tenido la desgracia de contemplar los realmente grandes, que no están aquí, sino mucho más allá, a kilómetros de ti, pero aunque no los veas no van a desaparecer. En el mundo hay mierda, crueldad y dolor, y aunque no todo es así, existe, y creo que domina más eso que la bondad, alegría o amor. No sirve de nada darse la vuelta y vivir ajeno. Con eso sólo se consigue un alma débil, incapaz de enfrentarse a las vicisitudes que te puedan surgir. 

Y ahora el cielo ya es negro.

jueves, enero 31

Y no he dejado de hacerlo

Cuando era pequeña todo me parecía brillante y de colores. Descubría cada día uno, al siguiente mezclaba los anteriores y conocía otro más, aunque nadie más lo viera y aunque sólo yo entendiera el resultado casi negro de mi mezcla. Ahí había un color nuevo y yo lo había creado.

Empecé a suspirar muy pronto y desde entonces no he dejado de hacerlo. He ido guardando algunos grandes suspiros en cajas y los pequeños en botes de cristal, para verlos más de cerca y saber de qué lugar venían. Pero por más que los miro no consigo averiguarlo. Hice algunas notas y creí saber que nacían en la parte superior del estómago, ahí donde se notan los vuelcos. 

Cambié los colores por los suspiros. 

Pero de vez en cuando se me antoja mezclarlos y suspirar colores. Esos los dejo volar y no los encierro en ninguna parte, pero en cambio los observo irse, alejarse de mí, su jaula, riendo y brillando a carcajadas. Pero lo que ellos no saben es que yo también río, porque cuando ellos aparecen no son suspiros descoloridos de cabeza baja, sino de sonrisas inesperadas.

martes, mayo 8

Refugios sin color

Hay abismos que no tienen salida, fondos totalmente negros, sin ningún otro color. Intento escalar un poco cada día, pero la subida es tan difícil que al final me puede la desesperanza. ¿Cuánto más me quedará para poder ver la primavera? Los pensamientos entonces también carecen de todo. Me refugio en los libros, en la música y el cine; en la escritura y en mis torpes dotes con la guitarra. En esos momentos se aprecia algo distinto del negro. Al verlo, me esfuerzo tanto por retenerlo, que se acaba yendo y vuelvo a la ausencia. Qué amargas me salen últimamente las palabras. Esta primavera disfrazada de invierno me está afectando como no debiera. Necesito flores, colores, cielos sin nubes, respuestas, pasos, silencios, verdades y poca ropa.

miércoles, agosto 24

Un metro

Ahora cada paso es como andar sobre clavos. La sirenita lo sufrió cuando optó por tener piernas; además de sin voz, notaba un terrible dolor cada vez que caminaba. ¿Quiere decir que cuando queremos algo que es un tanto inalcanzable siempre va a costarnos más que otras cosas?

Tengo la teoría de que el esfuerzo ya no gusta. Somos demasiado vagos y estamos acostumbrados a muchas comodidades como para movernos más de lo debido para alcanzar algo, aunque lo deseemos. Quizás por eso nos conformamos con lo que está a un metro de distancia y no queramos ver lo que hay más allá por temor a que nos guste más. Eso provoca que nuestra vista sea limitada, y hace que nos perdamos tantas cosas que nos pasan desapercibidas...un sonido que tiene otro color, una luz amarga y dulce. Sólo queremos ver lo que estamos acostumbrados a ver.

miércoles, agosto 17

Hoodoo

Me dije que tenía que volver a hacerlo y así lo hice. El año anterior, no sé por qué, me olvidé por completo. Puede que fuera el sueño o que una mosca atrajera mi atención de once a doce; me distraigo con facilidad.

Me preparé para el momento. Apagué la luz, abrí la ventana y dejé que sonara su voz. Por desgracia un andamio impedía la vista hacia el frente y unas nubes la impedían hacia arriba. Ni una estrella y tampoco la luna. Una lástima. Sólo se veía a una pareja en el parque de enfrente, ajenos a que los observaba mientras se sonreían y miraban. Irradiaban luz aunque no hubiese ninguna; y aunque la tentación me llevaba a que les robara un poco, decidí cerrar la persiana y dejarles brillar por sí mismos.

Seguí escuchando en la oscuridad un "come to be, how did it come to be" y pensé que aún no eran las doces. Entonces algo maravilloso ocurrió: la canción terminó, y en el último segundo, justo a la vez, el reloj dio la media noche. Me emocioné por la sorprendente casualidad y una sonrisa idiota se dibujó en el aire creando colores que nunca había visto.

Un comienzo extraño.

jueves, julio 14

Una ventana arriba

Hay una ventana muy grande a mi derecha. Por ella puedo ver el cielo casi a mi altura; con lo que no quiero decir que se esté cayendo, sino que me encuentro en un lugar alto. Las nubes están ahí, formando figuras. Veo un bicho que salía en Star Wars que ahora se está convirtiendo en un cerdo que corre, seguramente porque alguien le persigue para cortarle el cuello.

Parece que la ventana esté hecha para no ver el suelo y alejarse de lo mundano de ahí abajo: trabajadores, camiones y demás vehículos motorizados. No se ven, pero se oyen. Aquí no importa lo que hay debajo de nuestros pies. Cuanto más importante, además, más cerca del cielo. Por eso en las ventanas de arriba suele haber escarcha.

La gente que no está acostumbrada a subir padece temblores y cambios de color, además de un ataque repentino de falta de sensibilidad. Los que ya llevan tiempo allí no necesitan ropa de abrigo, hace tiempo que su sangre adoptó la misma temperatura que el ambiente; de ahí que sus venas sean de un color que no tiene ni nombre.

Aún estoy pensando en cómo puede llamarse. Puede que no lo necesite. A veces hay cosas que no precisan de nombre y aún así pueden existir. Un nombre es sólo algo que necesitamos para no perdernos en la realidad, pero no hace falta, las cosas ya son, las nombramos para expresarlas.

Ese color se quedará sin nombre, que cada cual le busque el suyo.