domingo, octubre 23

Danza

El viento no se lleva los dolores por muy fuerte que venga. Tampoco las noticias ni las malas caras, las cuales me esperan en esa habitación con las persianas bajadas. Me meto en el periódico de siempre, soy animal de costumbres, y observo todo lo que me ofrece. Mierda y más mierda. Ajustes por aquí, mentiras por allá, una cara sonriendo a una cámara lejana y unos ojos fríos. Me dan ganas de vomitar frente a esa acumulación de basura. Tengo que dejarlo por el bien de mi salud, pero sigo un rato más para intentar crear una inmunidad. Misión fallida. Prefiero mirar por la ventana.

Cuando sopla el viento me gusta mirar los árboles que hay frente a mi casa. Parece que bailen agitados y me dan tranquilidad. Es un movimiento casi constante que va de un lado a otro impredecible. ¿Cuántas veces me habré quedado absorta de este modo? ¿Cuántos años han pasado ya desde que lo hice por primera vez? Sólo me percato del paso del tiempo mirando las arrugas de mis manos.

6 comentarios:

John Keats dijo...

El tiempo es demasiado subjetivo, creo que es eso lo que te ocurre: la actividad acorta al tiempo.

Acórtale.

Gianfranco Guredi dijo...

Pero si continuamente estamos pidiendo más tiempo para todo, cuando al fin lo logra, ¿por qué no disfrutarlo en toda su esencia?

Ojalá se pudiera hacer que el tiempo fuese más y más despacio, y alargásemos ésta vida que se nos escapa.

Aura Gris dijo...

Cuanto más despacio va el tiempo, si siempre pasa del mismo modo, no conseguiríamos disfrutarlo. Lo bueno del tiempo es que sea relativo y que nunca sepas cuándo se te va a escapar de las manos o te va a recorrer despacio.

John Keats dijo...

Eso es lo que pienso yo. El tiempo hay que hacer que avance viviéndolo, no recreándose en él.

Gianfranco Guredi dijo...

Entonces, cuando no lo tenemos, ¿cómo es que lo idolatramos tanto?

Aura Gris dijo...

Porque somos inconformistas por naturaleza.