jueves, enero 31

Y no he dejado de hacerlo

Cuando era pequeña todo me parecía brillante y de colores. Descubría cada día uno, al siguiente mezclaba los anteriores y conocía otro más, aunque nadie más lo viera y aunque sólo yo entendiera el resultado casi negro de mi mezcla. Ahí había un color nuevo y yo lo había creado.

Empecé a suspirar muy pronto y desde entonces no he dejado de hacerlo. He ido guardando algunos grandes suspiros en cajas y los pequeños en botes de cristal, para verlos más de cerca y saber de qué lugar venían. Pero por más que los miro no consigo averiguarlo. Hice algunas notas y creí saber que nacían en la parte superior del estómago, ahí donde se notan los vuelcos. 

Cambié los colores por los suspiros. 

Pero de vez en cuando se me antoja mezclarlos y suspirar colores. Esos los dejo volar y no los encierro en ninguna parte, pero en cambio los observo irse, alejarse de mí, su jaula, riendo y brillando a carcajadas. Pero lo que ellos no saben es que yo también río, porque cuando ellos aparecen no son suspiros descoloridos de cabeza baja, sino de sonrisas inesperadas.

3 comentarios:

John Keats dijo...

Suspiros libres, totalmente libres, de todo. Como los pájaros, son felices en libertad, es así como han de ser.

No ha cambiado tanto usted, desde que era pequeña.

Aura Gris dijo...

No he crecido demasiado.

Gianfranco Guredi dijo...

En algunos aspectos no visibles, si