jueves, diciembre 29

Sueños

Anoche tuve un sueño muy extraño. Más que extraño, era muy real. Últimamente lo que veo cuando estoy dormida no son cosas inverosímiles, sino que me resultan familiares y mis reacciones, porque siempre salgo yo en el sueño, son las mismas que las que hubiese tenido en la realidad.

Primero un sueño conocido de algo más conocido aún. Palabras escondidas y encontradas, los latidos llamando descontrolados, angustia al despertar. Todo ello en menos de un momento. Me desperté pensando que me había pasado de verdad. Y puede que sí, pero no así. Odio a veces recordar. Una vez vi una película en la que experimentaban con la memoria. Si no querías tener un recuerdo traumático de tu vida, te lo borraban, pero te dejaban pruebas y escritos de que eso había pasado, por si querías volver atrás. A veces pienso que es lo que necesito, al menos por un rato, no recordar.

Volví a dormir malamente y sin ganas después del primer sueño. Y volví a soñar. Esta vez estaba en una especie de prisión en cuyo suelo había huellas de animal. Las seguía y me encontraba con un hombre cuyos ojos estaban casi salidos de sus órbitas. Me contaba que había convertido sus genes de neandertal en los dominantes, pero que yendo más allá, había querido coger sus más antiguos genes para sacarlos a la luz. El resultado era grotesco. Su cuerpo no estaba preparado para esa transformación.

Me desperté y no volví a soñar.

1 comentario:

Gianfranco Guredi dijo...

Sueñe usted sin tanto miedo, puesto que aunque parezca grotesco, no lo es tanto al fin