lunes, septiembre 12

Arrancarse la mano

Me arranqué la mano a mordiscos porque quería ver qué tenía dentro. Tardé menos que el segundero del reloj de la cocina en dar una vuelta entera. Un reto personal. Pero qué decepción, la sangre brotaba tanto que no podía ver nada. Solución: o esperar o intentar quitar la sangre con agua. Como a veces soy demasiado impaciente, opté por combatir rojo con traslúcido. Otra decepción, pues la sangre seguía saliendo y agua no hacía más que restregarla por todas partes, creo que la bañera antes era azul, pero no estoy segura. Era raro, no me dolía la mano, en mi cabeza la única sensación era de curiosidad. ¿Pero cómo quitar la sangre e inspeccionar? Decidí abrir un poco más la herida y, aunque saliera sangre, algo podía ver, estaba segura. Con el cuchillo más afilado de todos los cubiertos, fue abriendo poco a poco. Un río rojo iba desembocando en una marea de azulejos, en la cual me estaba hundiendo. No lo notaba, pues ya conseguía ver lo que había dentro, era pequeño, frágil, por eso lo rodeaban cosas tan grades y...en ese momento la marea me cubrió del todo y sólo podía ver el rojo de mi sangra agitándose violentamente por no estar donde debería estar.

Maldita curiosidad.

3 comentarios:

Gianfranco Guredi dijo...

¿Qué descubriste en el interior, entonces, al final, pequeño, frágil?

Aura Gris dijo...

Busca entre tendones y hueso.

John Keats dijo...

¿venas?