domingo, septiembre 4

Diálogos VII

- Perdóname, pero eres igual que la chica de mi libro.

- ¿Qué lees?

- No puedo acordarme, pero sé que eres tú.

- ¿Cómo puedes estar tan seguro de ello?

- ¿Cuando lees, no vives la historia? Es como si estuviera dentro de ella, como Sebastian en "La historia interminable", incluso hay veces que creo que pueden oírme los personajes que viven entre las páginas. Esa chica tiene tus ojos, tu boca, hasta tus gestos.

- Esos personajes no son sino fruto de tu mente. Cuando te la has imaginado como yo, ha sido pura coincidencia que se ha tornado locura al verme y compararme con ella.

- No, sé que eres tú y ya lo sabía antes de encontrarte aquí. Tu voz suena igual.

- Locuras. Los libros fomentan la imaginación. Cuando leo, mi mente se abstrae de tal forma que no sé lo que ocurre a mi alrededor, pero por mucho que me evada, soy consciente de que tú no eres un personaje de ningún libro y yo tampoco lo soy.

- En mi mente sí. Si hemos construido algo y ese algo nos lo encontramos en la realidad, ¿es una coincidencia? Yo creo que tú estás en esas páginas, no sólo porque mi cabeza te haya creado sino porque te estoy viendo y no hay nada que os diferencie, nada. ¿Estoy loco?

- Ya no sé si lo estás o la loca soy yo.

- ¿Eres...?

- ¿Cómo se llama la mujer de tu libro?

- Bien lo sabes.

- Entonces ya sabes la respuesta a todo.

3 comentarios:

John Keats dijo...

¿Y la seguridad que se tiene, cuando se está convencido de algo?

¿Y por qué oculta su verdadero ser, cuando sabe que la otra persona ya lo sabe?

Gianfranco Guredi dijo...

Quizá, porque al fin y al cabo, conversar no es más que un juego de cartas sin cartas.

Y es más divertido jugar de farol que mostrar todas las bazas, aunque la otra persona lo sepa.

Aura Gris dijo...

Nada está claro. Las respuestas vuelan, puedes coger la que tú quieras.