jueves, septiembre 29

Lanzar piedras

No estaba ahí subido para tirarse al vacío, ni mucho menos, sólo quería tirar unas piedras. Desde que era pequeño le habían dicho que tirar piedras estaba mal, era de brutos y podías darle a alguien sin querer. Desde entonces, y sin que nadie le viera, se había dedicado a recoger piedras del camino y a guardarlas esperando el momento propicio. Tenía piedras de los sitios más extraños y de los más obvios también, quería que cuando lo lanzara todo, cada parte que había recorrido estuviera ahí. Lanzaba recuerdos, no piedras.

El momento era ese. Lo sentía. Había luz, pero no demasiada; el frío aleteaba, pero no con fuerza; es decir, había equilibrio. Subió al sitio más alto que conocía para comenzar con su tarea. ¿Cómo debía tirarlas? ¿Hacia arriba y dejar que cayeran? ¿O quizás mejor simplemente soltarlas? Nunca había tirado una, no sabía cómo hacerlo. Una marea de gente se había parado a mirar, pensaban que iba a saltar. ¿Sólo existía esa posibilidad? Maldita gente idiota...no ven más que una dirección y no saben mirar hacia los lados. Cuando vieran la lluvia de piedras se comerían sus palabras y puede que algún golpe también. Eso no le importaba, si estaba allí gritando de forma inhumana es que no sabían nada.

Empezó a contar. Uno, dos, tres, cuatro...

3 comentarios:

Gianfranco Guredi dijo...

Mis recuerdos de juventud afloran... cuantas veces oí en el monte eso de no tires piedras, puede pasar gente...

Aura Gris dijo...

Mientras sea gente y no personas...

John Keats dijo...

El sadismo vive y crece.