jueves, noviembre 25

Cómo convertirse en una gota de agua

Afuera ya no hay luz. Hoy ha llovido en demasía. ¿Y qué hacía yo? Sólo observaba cómo la lluvia no conseguía penetrar allí donde caía. Se deslizaba suavemente gota a gota hasta llegar al suelo donde yacía jadeante del largo viaje. Me hipnotizó tanto que me convertí en agua. Volé hasta la nube más próxima esperando mi momento. Las demás gotas no paraban de lanzarse y yo, extrañamente impaciente, no podía aguantar más, así que me lancé. No era mi tiempo para caer, el viento lo sabía y la tierra también por lo que, orgullosos, no quisieron dejarme hacer mi camino y me devolvieron mi banal cuerpo.

Ahora espero frente a la ventana a que vuelva la lluvia.